Divulgación
Psico-crisis
Enero 2009
Las crisis, ante todo, son psicológicas.

El miedo es contagioso y genera un círculo vicioso: te haces inseguro, titubeas, te falta resolución y energía, y termina por cumplirse lo que temías; la llamada profecía autocumplida.
La confianza también es contagiosa y genera un círculo virtuoso: te haces seguro, resoluto y energético, y termina por cumplirse lo que esperabas; el llamado efecto Pigmalión.
Es que las emociones enmarcan la experiencia y frente al miedo el filtro es uno de amenaza. Le ves problemas y riesgos a las cosas a tal grado que no puedes pensar ni ver oportunidades.

Y no son tiempos para menos; entre desfalcos de fondos de inversión, astringencia financiera y baja en ventas, es natural estar preocupado; pero también son tiempos de oportunidades porque es ahora donde se reconfiguran las industrias, los mercados y los competidores.
En las crisis se abren huecos y oportunidades como no es posible que ocurran en tiempos de estabilidad. En las crisis todo mundo “se echa para atrás” y los pocos que deciden “echarse para adelante” tienen el potencial de asegurar posiciones competitivas de manera rápida y conclusiva.
El miedo paraliza. A diferencia de una amenaza inminente que te activa a contraatacar, el miedo es un estado de parálisis, de tensión, de freno. Con miedo, al cerebro se le cambian sus prioridades y la protección emerge como la primera función. Esto es biológica y evolutivamente válido porque gracias a esto seguimos vivos como especie.
Pero en nuestros tiempos actuales y urbanos, el enemigo ya no es ahora concreto ni físico, como por ejemplo un tigre, una helada, falta de alimento, sino que el enemigo se ha hecho representacional, abstracto y difícil de ubicar para poderlo combatir.
El miedo te drena la energía y agota eventualmente a tu sistema nervioso. El miedo también nos hace binarios, todo es negro o blanco, uno o cero, y nos cierra.
Es como un sistema de protección que nos orilla a asegurar lo poco, en lugar de arriesgarlo para ganar lo mucho. Y esta protección llevada al extremo promoverá que te quedes atrás y te dejará vulnerable ante la competencia más optimista.
Nuestra configuración biológica nos ha entrenado a sobresimplificar estímulos; es por eso que ante la amenaza reaccionamos primeramente con nuestro cerebro reptiliano, el más primitivo, y abordamos las cuestiones de manera emocional.
El miedo adquiere mayor fuerza cuando se hace colectivo, ya que la energía se conforma en una entidad más grande que tú, que te rebasa y te fusiona. Envueltos en un alma colectiva las diferencias personales se diluyen y la masa tiende a unificar acciones, sentimientos y pensamientos.

Relacionado con el tema financiero está el concepto de Exuberancia Irracional, de Robert Shiller, con su tesis de que las emociones, no la parte racional y lógica, son las que rigen las decisiones. Por eso Warren Buffet comenta que: “hay que estar relajado cuando todo mundo está nervioso, y nervioso cuando todo mundo está relajado”.
Otro factor de contagio de conductas y actitudes son las neuronas espejo que forman parte medular en la empatía y la imitación. Rizzolatti, de la Universidad de Parma, las descubre mientras estudia el cerebro de monos y se percata de que las células cerebrales no sólo se encienden cuando el animal ejecuta ciertos movimientos, sino cuando observa a otros hacerlo.

Estas neuronas espejo permiten hacer propias las acciones, sensaciones y emociones de los demás.
La Neurociencia confirma la influencia que una persona puede tener sobre las demás. Por ejemplo, si tienes un jefe neurótico, mal humorado y amenazante, el ambiente de oficina se transformará en pesimista e inflexible.

Una perspectiva define la expectativa y canaliza la energía. Un enmarque abierto y anhelante enfoca a la actividad y facilita el logro. Y viceversa; por eso la vida se mueve en rachas: lo malo frecuentemente suele llegar junto y lo bueno también; una cosa invoca a otra similar.
La descripción de un ciclo de miedo es justamente la dimensión opuesta a un ciclo de confianza: la confianza genera triunfo y el triunfo genera confianza. En este caso, el contagio es uno de optimismo y reto.
En medio de la turbulencia, la primera obligación es preservarse como individuo; si te desmoronas tú lo demás ya no importa.
Como empresa, la primera obligación es asegurar el flujo de efectivo; sin flujo no hay nada.
Pero una vez pasada la protección primordial conviene darse permiso de pensar en términos de oportunidades y ventajas. Sería triste no aprovechar las oportunidades que por naturaleza emergen en las crisis.

No hay que desaprovechar la crisis; no es todos los días que tenemos una frente a nosotros.
Por Horacio Marchand
marchandhoracio@gmail.com
publicado en el periódico Reforma
el 19 de diciembre de 2008